Con más de 15.000 asistentes, la feria Pueblos y Sabores se consolidó en el puerto de Gualeguaychú. Celina Donaq, organizadora del evento, analiza las claves del éxito, el impacto del "alfajor más grande del mundo" y el futuro de la productora.
El movimiento en el puerto de Gualeguaychú no se detiene. Mientras los últimos stands terminan de desarmarse, el balance de Pueblos y Sabores arroja números y sensaciones que superan cualquier previsión inicial. Celina Donaq, una de las mentes detrás de la organización, no oculta su entusiasmo: "Nuestro balance es muy positivo. El crecimiento de un año al otro fue tremendo, tanto en público como en calidad", afirma.
Una de las mayores sorpresas para la organización fue el comportamiento del público. A diferencia de la edicion anterior, este año los asistentes se adueñaron del espacio, transformando la feria en un verdadero centro de recreación.
"A mí me llamó mucho la atención; veía a la gente el día entero dando vueltas. Entraban, salían, volvían a entrar... fue realmente un circuito de paseo", destaca Donaq. El predio, ubicado en la privilegiada costa del río, se transformó en un gran patio matero. La combinación de bandas en vivo, demostraciones de cocina y el clima agradable hicieron que las familias optaran por quedarse a "picotear", charlar y disfrutar del paisaje durante horas.
El éxito no fue casualidad. El cambio de fecha (de agosto a una época más cálida) fue fundamental para fomentar esta permanencia. Además, un imprevisto logístico terminó siendo un acierto: por obras en las calles aledañas, el ingreso se trasladó hacia el patio gastronómico.
"Teníamos dudas de si funcionaría, pero el flujo de gente fue excelente y el estacionamiento quedó más a mano. Para el año que viene, ya pensamos en mantener dos entradas para potenciar ambos sectores", explica Donaq, subrayando que la comodidad del visitante fue la prioridad.
La gran "perlita" de este año fue, sin duda, la conquista de un récord mundial que puso a Gualeguaychú en los portales de noticias de todo el mundo. Los emprendedores locales se propusieron realizar el alfajor más grande del mundo y los resultados fueron asombrosos.
"Fue muy emotivo ver a los chicos llorar de la alegría. Teníamos el dato de un postulado de mil kilos el día anterior, y nosotros alcanzamos los 2.057 kilos. Es algo mundial, una locura que todavía estamos dimensionando", relata Celina.
Este hito no solo fue un atractivo visual, sino un motor económico: muchos productores, como los de salamines y quesos o los alfajores de "Carpa Azul", agotaron su mercadería ya el viernes ante la demanda masiva.
Organizar un evento de esta magnitud requiere meses de planificación y una inversión millonaria. Donaq enfatiza la importancia del cobro de entrada para garantizar la calidad: "No hay forma de que las cosas funcionen con esta ambientación y técnica si no cobras una entrada. Tenemos servicios de emergencia, seguros, sonido de alta fidelidad y un equipo que trabaja todo el año".
Además, destacó la sinergia con el municipio, aclarando que el uso del puerto es mediante alquiler, lo que permite que esos ingresos se reinviertan en la mejora del espacio público para todos los ciudadanos.
La agenda de la productora no da respiro. Celina adelantó los próximos pasos:
"El evento, más allá de la parte turística, es un lugar donde se hacen negocios", concluye Donaq. Pueblos y Sabores se despidió dejando la vara alta, confirmando que Gualeguaychú tiene la capacidad de crear experiencias que combinan identidad, producción local y récords que recorren el mundo.
