"El turismo internacional busca experiencias": el balance gastronómico tras el Mundial de Canotaje en Gualeguaychú

Miguel Ángel "Potocá" Beigbeder, propietario de La Escondida, analizó el impacto económico del evento que inyectó más de $4.500 millones en la ciudad. Destacó las marcadas diferencias en las costumbres del comensal internacional, el crecimiento de la oferta gastronómica y de entretenimiento local, y defendió la competitividad de las tarifas de la costanera.

El paso del Mundial de Canotaje por Gualeguaychú dejó balances altamente positivos para el sector económico local. Con la convocatoria de más de 4.000 visitantes durante más de una semana, una estadía promedio de entre ocho y nueve días y un nivel de ocupación que trepó del 44 % al 80 %, el evento inyectó más de $4.500 millones en la economía de la ciudad.

En diálogo con el periodista LAREGION24, Miguel Ángel "Potocá" Beigbeder, reconocido empresario gastronómico y dueño del tradicional restaurante La Escondida, analizó el movimiento registrado, la llegada de delegaciones extranjeras y los desafíos que afronta la gastronomía costera.

Adaptación rápida y el furor final por las carnes argentinas

Para responder a las demandas del público internacional, el comercio local debió reestructurar sus dinámicas operativas sobre la marcha, desde modificar los horarios de apertura hasta incorporar cartas bilingües.

"Al ver tanto turismo internacional de tantas nacionalidades, armé cartas en inglés y llamé a un amigo que habla el idioma para que me diera una mano. Sabiendo que en muchos países cenan muy temprano, modifiqué el horario de apertura para recibir a los visitantes desde primera hora", explicó Beigbeder.

El gastronómico detalló cómo evolucionó el consumo según las etapas de la competencia atlética:

  • Fase de competencia: Mayor demanda de carbohidratos, pastas, pollo y ensaladas para el rendimiento deportivo.
  • Cierre del torneo: Un volcado masivo hacia los platos típicos, destacándose el bife de chorizo y el pescado de río (pacú, boga, dorado y surubí).
  • Consumo promedio: Ubicado entre $30.000 y $50.000 por persona, en función de los cortes y la calidad del vino elegido.

"El último día teníamos unas treinta personas de Inglaterra y estaban todos desesperados por comer el bife de chorizo. Venían comiendo pollo y ensalada todos los días anteriores y, cuando terminó la competencia, aparecieron los grupos grandes buscando probar la carne argentina y los vinos locales", remarcó.

La psicología del comensal: viajar para vivir una experiencia

Un punto central de la entrevista radicó en la marcada diferencia entre el comensal habituado a viajar o salir a comer y aquel que lo hace de manera esporádica.

"Hay que diferenciar entre el que sale a comer y el que no sale; y después entre el que está acostumbrado a viajar. El turista internacional o la persona que viaja habitualmente no sale solo a 'no cocinar', viene a disfrutar de la experiencia", definió "Potocá".

Beigbeder explicó cómo influye este cambio de hábito en la comanda final:

"El visitante que viaja quiere probar lo que no come en su país. Busca ver qué cepas de vino tenemos y cuál marida mejor con un bife de chorizo, pide un queso de entrada o un postre sin dudarlo. Eso engrosa la factura y va más allá de la posibilidad económica: tiene que ver con los hábitos y las experiencias ya vividas".

Por el contrario, el cliente ocasional enfrenta el dilema de "gastar su bala de plata". Ante el temor de arriesgar su presupuesto en un plato desconocido que tal vez no sea de su agrado, suele volcarse a opciones seguras y tradicionales como las milanesas napolitanas o las pastas clásicas, perdiéndose la oportunidad de dejarse guiar por las sugerencias de la casa o el maridaje.

Crecimiento urbano y la clave para romper la estacionalidad

Consultado sobre la dinámica turística fuera del período estival, Beigbeder remarcó que la organización de competencias de nivel internacional, eventos de motoristas o encuentros temáticos resulta determinante para sostener la actividad comercial todo el año.

"Los eventos son fundamentales para romper la estacionalidad. A Gualeguaychú todavía le falta una vuelta de rosca a nivel turístico para convocar fuera del verano, porque la tranquilidad al visitante de las grandes ciudades le dura un par de días: al otro día quiere shopping, teatro, cine y propuestas alrededor", sostuvo el empresario.

En ese sentido, destacó que la ciudad viene mostrando un crecimiento progresivo en sus servicios y atracciones para la familia:

  • Diversificación gastronómica: Multiplicación de cafeterías con propuestas abiertas durante gran parte del día.
  • Espacios infantiles: Apertura y ampliación de lugares de entretenimiento para niños tanto en la zona céntrica (calle 25) como en la costanera y la consolidación del parque de diversiones.
  • Efecto multiplicador: Reversión inmediata del ingreso turístico en proveedores, personal e infraestructura (como renovación de equipamiento y compra de insumos).

"Gualeguaychú no es caro: los sueldos locales son bajos"

En el tramo final del intercambio, el titular de La Escondida abordó la constante polémica por las tarifas en la zona gastronómica y la brecha entre los precios de la costanera y el poder adquisitivo de los residentes.

"A mí me duele muchísimo cuando la gente de Gualeguaychú dice 'en la costanera te matan, son careros'. Nosotros en gastronomía tenemos precios que para el turista son súper económicos", afirmó Beigbeder.

Para ejemplificar la distorsión, comparó los valores con los principales centros urbanos del país:

"Un bife de chorizo La Escondida, completísimo, vale $36.000 en mi restaurante sentado a la mesa. Ese mismo bife en Buenos Aires no baja de $48.000 o $54.000. Cuando un porteño se sienta a comer, ve que el precio es muy accesible".

Finalmente, profundizó en la raíz del problema económico local:

"Que a vos te cueste salir a comer porque no ganaste la guita para darte la posibilidad de hacerlo no significa que nosotros seamos caros. En la costanera tenés primeras marcas, un servicio de calidad, personal en blanco y un alquiler elevado. Los precios son súper competitivos a nivel turístico para mantener la infraestructura; lo que pasa es que, tristemente, los sueldos en Gualeguaychú no son demasiado buenos y a la gente del lugar le cuesta acceder", concluyó.



Autor:Javier Vilaboa

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