Entre 1976 y 1977, mientras Buenos Aires conservaba una apariencia de normalidad, en sus márgenes se desplegaba una maquinaria de secuestro y desaparición. Destinado en el consulado italiano, Enrico Calamai fue testigo de esa violencia y en muchos casos intervino para ayudar a 300 argentinos que estaban en peligro. Décadas después, ordenó sus recuerdos en un libro: “Niente asilo politico”, publicado por el sello Feltrinelli, una memoria precisa, sin énfasis heroicos, sobre lo que se veía, pero no podía nombrarse. De visita en Buenos Aires en ocasión de los 50 años del golpe, habló con PERFIL. Leer más
