Con 20 años, el entrerriano encontró en el pádel adaptado una nueva forma de competir, superarse y demostrar que los límites no siempre son lo que parecen. Hoy se prepara para su primer torneo, con un sueño claro y los pies —y las ruedas— bien puestos en el presente.
El deporte, para Alejo Riolfo, nunca fue una opción: fue parte de su vida. Desde chico, entre atajadas en el Club Juventud Urdinarrain, pasos por el básquet y competencias en tenis —donde llegó a disputar los Juegos Evita 2023—, su historia siempre tuvo movimiento.
Pero el pádel adaptado apareció casi de casualidad.
Una charla, una recomendación, unas clases… y algo hizo clic.
“Probé y me gustó”.
Simple. Como las decisiones que cambian todo.
El pádel adaptado mantiene la esencia del juego tradicional, pero con ajustes que lo hacen posible: la pelota puede picar dos veces antes de ser devuelta y el saque se realiza a la altura del hombro. Detalles que, lejos de ser una limitación, abren el juego.
Alejo nació con espina bífida, una condición que afecta su movilidad desde la rodilla hacia abajo. Puede caminar con bastones, pero en la cancha encontró otra forma de desplazarse, de competir, de sentirse libre.
Y lo cuenta sin vueltas.
“No tuve grandes obstáculos, más que adaptarme a algo nuevo. Como todo, con el tiempo te vas acostumbrando”.
No hay dramatismo. Hay decisión.
Hoy entrena pádel dos veces por semana y complementa con gimnasio, enfocado principalmente en el tren superior. Porque entendió algo clave: la técnica no alcanza si el cuerpo no responde.
“Si quiero que me vaya bien, tengo que hacer más. No alcanza solo con jugar”.
Ahí aparece su esencia competitiva.
“Siempre quiero ganar. No me conformo con llegar lejos”.
Su próximo desafío ya tiene fecha: el 23 y 24 de mayo jugará su primer torneo en Monte Grande. Un punto de partida que marca el comienzo de un camino más grande.
Pero Alejo no solo juega. También deja mensajes.
Uno, directo a las familias:
“Que no sobreprotejan. Tienen que dejarnos desenvolvernos solos. Porque aunque suene feo, no siempre van a estar”.
No lo dice desde la queja. Lo dice desde la verdad.
Y después, la frase que lo resume todo:
“No hace falta nacer con una discapacidad para hacer un deporte adaptado. Con que algo te impida hacerlo de manera convencional, ya podés encontrar otra forma”.
El deporte, en su mundo, no excluye. Se transforma.
Alejo no busca ser ejemplo, pero entiende que su camino puede abrir puertas para otros. Quiere que más chicos se animen, que prueben, que fallen, que vuelvan a intentar.
Porque, como él mismo dice, “si te rendís no llegás a nada, pero si seguís intentando, tarde o temprano lo lográs”.
Claro. Real. Sin maquillaje.
Detrás de cada torneo, también hay un esfuerzo invisible. Competir implica un gasto cercano a los 500 mil pesos entre inscripción, viajes, estadía y alimentación. Todo corre por cuenta del jugador.
Y aun así, él sigue.
Alejo no levanta la voz, no se pone en un pedestal, no busca aplausos.
Solo juega.
Pero en cada entrenamiento, en cada punto y en cada intento, deja una enseñanza que pesa más que cualquier resultado:
la vida no siempre te deja elegir las condiciones… pero siempre te da la oportunidad de elegir cómo jugás el partido.
🤝 Acompañar el camino
Hoy, mientras se abre paso en el pádel adaptado, Alejo también está en la búsqueda de sponsors y apoyo económico que le permitan sostener su participación en torneos y seguir creciendo en el deporte.
Porque el talento, la actitud y las ganas ya están.
A veces, lo único que falta… es que alguien del otro lado también juegue el partido.

