Tras el agónico y emotivo cruce entre Argentina y Egipto, el cardiólogo Iván Gómez explica cómo el estrés y la ansiedad colapsan nuestro organismo y comparte un "manual de supervivencia" para los próximos desafíos de la Selección.
El sufrimiento colectivo del último partido de la Selección Argentina no fue solo una sensación. Para muchos, se tradujo en consultas médicas reales. La frase "un partido para el infarto" abandonó el terreno de la metáfora para convertirse en una advertencia clínica.
Para entender qué ocurre en el cuerpo cuando la pasión desborda los límites, dialogamos con el cardiólogo Iván Gómez, quien detalló los mecanismos científicos detrás de estas crisis emocionales y cómo prevenirlas ante los partidos decisivos que se avecinan.
"Esto está demostrado y estudiado en el mundo; no es algo que solo pase en Argentina", aclara el Dr. Gómez. Cuando vivimos un partido con tanta intensidad, el cuerpo activa el sistema nervioso simpático, un mecanismo evolutivo diseñado originalmente para la supervivencia.
"Es la misma respuesta que producía el ser humano primitivo ante la huida de un depredador. Se sube la presión, se genera taquicardia y cambian las variables de la circulación. Hoy, cualquier situación de estrés extremo —sea un partido de fútbol, una crisis económica o un desastre natural— desencadena exactamente lo mismo", explica el especialista.
El problema radica en los cambios bruscos de ritmo. Pasar de la angustia y la opresión a la euforia desmedida en apenas diez minutos —sumado al esfuerzo físico que implica gritar un gol al límite de la capacidad pulmonar— somete al corazón a un esfuerzo máximo. Esta marea hormonal de adrenalina circulando por el cuerpo es la responsable de las típicas descompensaciones o cuadros de lipotimia (desmayos) por caídas y subidas abruptas de presión.
El Dr. Gómez es enfático: el fútbol no genera una enfermedad cardíaca de la nada, sino que actúa como un detonante. "Si una persona es sana, es muy raro que aparezca un infarto de golpe. El infarto es el resultado de una enfermedad acumulativa (aterosclerosis), donde las arterias se van tapando de grasa con el tiempo debido a factores como la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo o la genética".
El peligro real aparece cuando el estrés del partido actúa como el gatillo que descompensa una patología de base previa, muchas veces no diagnosticada o mal tratada.
Para ilustrarlo, el cardiólogo recuerda una experiencia de su paso por la Unidad Coronaria del Sanatorio Güemes en Buenos Aires: "Durante la semana en que se definió el descenso de Independiente, tuvimos internadas a tres o cuatro personas en la misma sala. Todos eran hinchas fanáticos y coincidían en que sus síntomas habían comenzado debido a la angustia extrema que sufrieron durante el partido".
No todas las sensaciones molestas implican un riesgo de vida, pero es fundamental saber identificar cuándo el cuerpo está enviando una señal de alarma real tras el pitazo final. El Dr. Gómez recomienda prestar especial atención a los siguientes síntomas:
Con un panorama de alta tensión y un próximo partido clave que coincide con un fin de semana largo de julio, las reuniones sociales, las comidas pesadas y el frío —que de por sí eleva la presión arterial— forman un combo complejo. Para disfrutar del fútbol sin poner en riesgo la salud, el especialista sugiere seguir estas pautas:
Vivir el fútbol con pasión es parte de nuestra identidad, pero para seguir gritando goles, la principal estrategia debe jugarse en el cuidado de nuestra propia salud.
