El Pichón que vuela de Galarza a Montevideo: tiene 8 años y ya es 4.º del mundo

Samuel es categoría 2017, juega de delantero y es zurdo. Desde General Galarza recorre seis horas de ida y seis de vuelta para entrenar en Montevideo. Ya representó a Uruguay en dos Mundiales y ahora se prepara para un nuevo desafío internacional.

GENERAL GALARZA, ENTRE RÍOS. — La historia de Samuel comenzó cuando apenas tenía dos años. Todavía estaba dejando los pañales cuando ya pateaba una pelota en el club de su pueblo. Hoy, con apenas 8 años, aquel juego se transformó en un sueño que lo llevó desde General Galarza hasta Montevideo y, más recientemente, hasta Madrid.

El pequeño delantero, categoría 2017 y de perfil zurdo, tuvo su primera gran oportunidad a los 4 años, cuando realizó una prueba en Racing Club de Avellaneda y quedó seleccionado. Allí comenzó a competir incluso con chicos de categorías superiores. En 2024 llegó uno de sus primeros grandes logros: fue campeón de la Liga AFA.

En enero de 2025, cuando tenía apenas 7 años, sus padres lo llevaron a una prueba en Punta del Este. Aquella experiencia abrió una nueva puerta y Samuel fue convocado para integrar la Selección de Uruguay Sub-10.

“Sentí nerviosismo por saber el peso que eso tenía. Que debía no solo luchar por mi país, sino que sería doble. Es mi mayor orgullo”, cuenta Samuel al recordar lo que significó ponerse por primera vez la camiseta celeste.

En aquel Mundial, Uruguay llegó a la final y terminó como subcampeón.

Pero el sueño continuó creciendo.

Un Mundial, Madrid y un gol inolvidable

Este año Samuel volvió a ser convocado para representar a Uruguay en el Mundial disputado en Madrid, España. La competencia reunió a 32 países y el conjunto uruguayo alcanzó la Copa de Oro, finalizando en el cuarto lugar del mundo.

Samuel tuvo además un momento protagonista en los cuartos de final frente a Malasia: convirtió el gol que permitió a Uruguay meterse entre los cuatro mejores.

“Fue el mejor momento”, recuerda.

Aunque juega como delantero y naturalmente disfruta marcar, Samuel tiene una mirada colectiva del fútbol. “Ganar partidos siempre es lindo. Pero más allá de los goles, las asistencias son igual de importantes en un trabajo de equipo”, explica.

Su referente futbolístico tampoco deja dudas. Su ídolo es Diego Armando Maradona y tiene un deseo claro: “Me encantaría gambetear como el Diego”.

Doce horas de ruta para perseguir un sueño

Detrás de cada convocatoria, cada entrenamiento y cada partido existe un esfuerzo que no aparece en las estadísticas.

Desde General Galarza hasta Montevideo son aproximadamente seis horas de viaje. Samuel y su familia realizan ese recorrido todos los martes y también durante los fines de semana: seis horas para ir y otras seis para regresar.

Doce horas de ruta detrás de una pelota.

A veces Samuel duerme para hacer más corto el viaje. Otras veces canta para despejarse.

Y cuando habla del esfuerzo familiar, lo resume en pocas palabras: “Mucho orgullo. Sé el esfuerzo que mis papás hacen”.

La familia se convirtió así en una pieza fundamental de una aventura que ya llevó al pequeño futbolista a competir fuera de las fronteras argentinas.

Las raíces que viajan con él

Aunque Samuel representa a Uruguay en las competencias internacionales, sus raíces siguen firmes en General Galarza.

Argentina no cuenta actualmente con una selección Sub-10, por lo que el pequeño futbolista encontró en Uruguay la posibilidad de representar a una selección nacional.

Pero hay algo que no cambia: en cada viaje, Samuel lleva consigo las banderas argentina y de Entre Ríos.

“La patria primero”, dice.

Y esa frase adquiere un significado todavía más profundo por una historia familiar que lo acompaña: su abuelo fue combatiente de Malvinas.

Samuel tiene apenas 8 años y quizás todavía no dimensione completamente el peso de esa historia. Pero las banderas que lleva a cada cancha representan mucho más que sus raíces.

Representan a su familia, a su pueblo y a una historia que pasó de una generación a otra.

Un nuevo desafío en el horizonte

La historia del Pichón no se detiene.

Hace pocos días Samuel recibió una nueva noticia: fue incluido en la nómina para disputar, desde el 8 de septiembre, la Copa América “Copa Rey de las Américas”, nuevamente representando a la academia uruguaya.

“Es un gran desafío para mí. Estoy orgulloso de formar parte y trataré de dar lo mejor”, asegura.

Cuando se le pregunta qué quisiera recordar de estos primeros años dentro del fútbol, Samuel no habla de trofeos ni de estadísticas. Elige una imagen mucho más humana.

“Me gustaría recordar mi primer Mundial. La adrenalina, todas las sensaciones por las que pasamos. Las lágrimas de felicidad”.

Quizás ahí esté la esencia de su historia.

Un niño que empezó a patear una pelota a los 2 años. Una familia que transforma kilómetros de ruta en oportunidades. Un pueblo que lo acompaña desde lejos. Dos banderas que viajan con él. Y un sueño que, a sus 8 años, ya lo llevó a representar a un país y a estar entre los mejores del mundo.

Su abuelo alguna vez llevó una bandera argentina a Malvinas.

Hoy Samuel lleva esa misma bandera mucho más lejos, detrás de una pelota y de un sueño.

Uno la defendió en una tierra lejana. El otro la lleva por las canchas del mundo.

Y mientras el Pichón siga volando, hay algo que nunca va a cambiar:

sin importar cuántos kilómetros recorra, Galarza siempre viajará con él.



Autor:Franco Lizarzuay

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