De jugar por diversión a luchar por un sueño: 𝐋𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐌𝐨𝐫𝐞𝐧𝐚 𝐋𝐞𝐬𝐢𝐤

Hay deportistas que nacen para destacarse desde el primer dÍ­a. Y hay otros que construyen su camino en silencio… entrenando cuando nadie mira, bancándose los momentos difÍ­ciles y aprendiendo a levantarse cada vez que algo no sale. Morena Lesik pertenece a ese segundo grupo.

Su historia con el básquet comenzó a los 5 años en Independiente de Gualeguaychú (CAI), donde dio sus primeros pasos junto a Frei Sanches. En aquel momento no existÍ­an las presiones, las estadÍ­sticas ni las exigencias. Solo habÍ­a una nena feliz corriendo detrás de una pelota naranja.

“Yo iba para divertirme, para estar con mis amigas, para jugar torneos y pasarla bien. El básquet siempre sacó lo mejor de mÍ­”.

Pero con el tiempo llegaron las competencias, las comparaciones y también las dudas.

Mientras otras compañeras jugaban más minutos y se destacaban, Morena sentÍ­a que debÍ­a esforzarse el doble para estar a la altura.

“SabÍ­a que me faltaban cosas. HabÍ­a partidos donde jugaba dos minutos y yo querÍ­a jugar más. A veces viajaba y ni entraba. Pero nunca pensé en dejar”.

Y ahÍ­ apareció algo más fuerte que cualquier frustración: la voluntad.

“Nunca dije ‘no sirvo para esto’. Siempre quise mejorar. Entrenaba con varones, entrenaba doble y vivÍ­a en el club”.

Lo que para muchos era solo un deporte, para ella empezó a transformarse en una pelea interna. Una competencia contra sÍ­ misma.

“De chica jugaba por diversión. Después hice un clic y entendÍ­ que querÍ­a jugar de verdad, competir y demostrarme hasta dónde podÍ­a llegar”.

Ese esfuerzo silencioso empezó a dar frutos.

A fines del 2024, mientras estaba en la casa de su abuela, sonó el teléfono. Del otro lado estaba Lali Gonzales, de Rocamora.

La habÍ­an visto jugar un Pre Federal contra Regatas y querÍ­an sumarla al plantel de Liga Nacional.

“Fue una emoción enorme. Yo veÍ­a a esas jugadoras por televisión desde chica y de repente estaba ahÍ­, compartiendo cancha con ellas”.

El sueño se habÍ­a cumplido. Pero los sueños también pesan.

La Liga Nacional le mostró el otro lado del deporte: la exigencia mental, el desarraigo y la presión de estar lejos de casa.

“Tenés que estar fuerte de cabeza. Entrenás todos los dÍ­as, dejás a tu familia, tu rutina, tus amigos… y seguÍ­s igual”.

A fines del 2025 tomó otra decisión difÍ­cil: dejar Gualeguaychú y mudarse a Buenos Aires para continuar su carrera.

“Fue una decisión muy complicada. Mi cabeza trabajaba todo el tiempo, pero entendÍ­ que querÍ­a buscar una nueva experiencia y un nuevo camino”.

Hoy Morena entrena en Berazategui mientras espera su pase definitivo. Vive en City Bell, hace gimnasio, sigue preparándose y mantiene intacta la misma mentalidad que la acompañó desde chica: no apurarse, pero tampoco detenerse.

“Lo que tenga que pasar, va a pasar. Yo sigo entrenando y metiéndole todos los dÍ­as”.

Lejos de su ciudad, hay algo que jamás cambió: el apoyo incondicional de su familia.

“Son los que están cuando juego bien y cuando juego mal. Nunca me dejaron sola”.

El básquet no solo le dio una carrera. También moldeó su forma de ser.

“Me enseñó disciplina, respeto, compañerismo y me ayudó a formar mi personalidad”.

Y cuando piensa en el futuro, Morena no habla de fama ni de lÍ­mites. Habla de seguir creciendo.

“Quiero volver al alto nivel, seguir jugando ligas y llegar lo más lejos posible. Pero paso a paso”.

Antes de cerrar, deja un mensaje para aquella nena que solo jugaba para divertirse.

“Le dirÍ­a que siga por ese camino. Que puede, si se lo propone”.

Porque a veces los sueños no empiezan con aplausos.
Empiezan entrenando en silencio mientras nadie cree que podés lograrlo. 🏀🔥



Autor:FRANCO LIZARZUAY

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