A diferencia de otros países, en la Argentina las patentes se asignan de forma automática y aleatoria. Esa mecánica, pensada para evitar favoritismos y elecciones personalizadas, dio lugar a combinaciones inesperadas: siglas que forman palabras, secuencias que generan risas y el eterno debate sobre si existen —o no— patentes “prohibidas”. Leer más
