Del golpe a la revancha: la historia de Agus Zapata, el arquero que no soltó su sueño

Desde chico, el arco no fue solo un lugar: fue su refugio, su casa, su destino. Agus Zapata empezó a jugar al fútbol a los 3 años en Sociedad Sportiva Gualeguay, el club que lo formó no solo como jugador, sino también como persona.

Pero no fue un camino fácil. A los 11 o 12 años, cuando muchos todavía juegan por jugar, él ya entrenaba con otra mentalidad. Se preparaba en el club y también con un profesor de arqueros, persiguiendo un sueño que tenía nombre propio: ser profesional.

Ese sueño lo llevó a dar un salto grande: un año en Huracán, viviendo en la pensión del club. Pero el fútbol, como la vida, también golpea. 

“Cuando quedé libre fue muy fuerte para mí”, recuerda.

El silencio después de la caída pesa. Y pesa mucho. Pero Agus no se quedó ahí.

Sabía que otra oportunidad iba a llegar. No sabía cuándo, ni cómo… pero lo sentía.

Volvió a Gualeguay, volvió a entrenar, incluso cuando las ganas no estaban. Se aferró a algo más fuerte que la frustración: su familia.

“Ver el esfuerzo que hacen por mí me cambió la cabeza”.

También fue clave el trabajo mental. El contacto con su psicóloga —incluso después de dejar el club— lo ayudó a reconstruirse desde adentro. A entender que, a veces, lo que parece un final… es apenas una curva en el camino.

Y entonces, cuando menos lo esperaba, llegó el llamado.

Una noche, volviendo a casa, sus padres le dijeron que al día siguiente tenía una prueba en Newell’s Old Boys.

Así, sin aviso. Así, como llegan las oportunidades que cambian la vida.

Al llegar al predio, ya estaba anotado. Ropa lista. Profes atentos. Agus entró a entrenar como uno más… pero con el corazón latiendo distinto.

Con el paso de los días, la confianza creció. Y el sueño, otra vez, empezó a tomar forma.

Hoy, forma parte de la quinta división de Newell’s, y ya entrena con reserva y primera. Vive un presente que mezcla felicidad, alivio y orgullo.

“Es muy lindo sentirse parte de esas experiencias únicas”.

Arquero de perfil sereno, se define por su tranquilidad en momentos difíciles, buen posicionamiento y una mentalidad clara: hacer lo simple, pero hacerlo bien.

“Nunca hacer cosas alocadas, siempre con los pies sobre la tierra”.

En el medio de todo, hubo un momento que marcó su alma: la final donde Sportiva salió campeón.

“Fue el partido soñado. Todavía no puedo explicar lo que sentí”.

Porque hay lugares que no se olvidan. Y hay camisetas que se quedan para siempre.

Hoy, Agus tiene los objetivos claros: debutar en primera, ganar títulos, llegar a la Selección y, algún día, cruzar el océano para jugar en Europa.

Pero si algo tiene claro, es quién lo sostiene.

“Mi familia es todo. Mis pilares, mi ejemplo”.

Y cuando mira hacia atrás, al chico que sufrió aquel golpe en Huracán, no duda en lo que le diría:

“Que siga luchando, que no baje los brazos. Se le vienen cosas muy lindas. Y que sea agradecido”.



Autor:Franco Lizarzuay

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