“El fútbol fue mi cable a tierra y mi psicólogo”
Hay carreras que se construyen con talento… y otras con carácter. La de David “Mono” Telechea tiene de las dos. Goles, títulos, golpes de la vida y una pasión que nunca se apagó.
Sus inicios fueron en Pueblo Nuevo, donde hizo todas las inferiores hasta debutar en Primera con apenas 17 años. Después de un paréntesis en el fútbol amateur, el destino volvió a tocarle la puerta: Unión del Suburbio primero y luego Juventud Unida, donde formó parte del proceso que logró el histórico ascenso y salió campeón en 2014. Desde 2015 escribe su historia en Deportivo Urdinarrain, club donde se transformó en referente y símbolo.
Dentro de la cancha se define sin vueltas: competitivo, exigente y con hambre de ganar siempre. “Por momentos soy temperamental, me enojo, pero nunca malintencionado. Lo que me caracteriza es querer ganar”, cuenta. Afuera, en cambio, busca tranquilidad, respeto y mantener los pies sobre la tierra.
Aunque muchos lo ven como un 9 clásico, él tiene otra mirada: “No me considero un 9 posicional. Me gusta moverme por todo el frente de ataque, dejar sin referencia a los defensores”.
El amor por el fútbol nació en lo simple: la pelota, el barrio y los amigos. “Pegar un pelotazo, hacer un gol… con eso era feliz. Ya de chico era competitivo, quería ganar siempre”.
Entre los tantos recuerdos, hay uno que sobresale: el gol del campeonato 2017 con Deportivo, cortando una sequía de más de 13 años y encima en un clásico. “Fue importante por lo que significaba el club, la gente y el momento”.
El apodo “Mono” tampoco nació en una cancha. Fue la mamá de un amigo quien empezó a decirle así en el barrio, y quedó para siempre. “Todo el mundo me conoce por el apodo más que por mi nombre”.
Pero no todo fue fútbol. La pérdida temprana de sus padres marcó su vida. “Fue un golpe muy duro. En ese momento mi hijo tenía un año y medio y fue el impulso para seguir. El fútbol me sacó adelante en momentos difíciles. Siento que si no hubiese sido por el fútbol, hubiese sido otro”.
Hoy, con 32 años, mira su carrera con sorpresa y orgullo: “Nunca imaginé vivir todo lo que viví. No pensé que iba a llegar a jugar en Primera ni lograr tantas cosas. Siento que tengo mucho más para dar”.
El reconocimiento de la gente es una de las recompensas más grandes. “Es una caricia al alma cuando te reconocen por lo que hacés. Pero más me importa que me reconozcan por lo que soy fuera de la cancha. Cuando mi nene me dice ‘papá, tenés muchos fans’, eso no tiene precio”.
En el vestuario, destaca amistades que le dejó el fútbol después de más de una década compartida: Cano, Tata Fernández, Ezequiel Pérez y Pablo González. Y en el banco, tres entrenadores que marcaron su camino: Augusto (quien confió en él desde el inicio), Gonzalo Perrone y Javier Lenciza, a quien señala como el que sacó su mejor versión.
Actualmente vive su rol con otra responsabilidad: ser referente para los más jóvenes. “Esto es una cadena. Hoy somos nosotros, mañana van a ser ellos. Hay que inculcar compromiso”.
El retiro todavía no aparece en el horizonte. “No sé si se termina alguna vez. Yo soy feliz jugando al fútbol”.
Antes de cerrar, deja un mensaje claro para las nuevas generaciones: disciplina, constancia y nunca bajar los brazos. “Capaz no llegás a la élite, pero podés tener una gran carrera si trabajás”.
📊 Datos destacados:
⚽ 233 goles en Deportivo Urdinarrain
⚽ 20 goles en Juventud Unida
⚽ 1 gol con la Selección de Gualeguaychú
🔥 Partido de 4 goles en 2024
🏆 Múltiples títulos locales y campeón de Copa Entre Ríos (goleador 2018)
Una historia de barrio, sacrificio y goles. De esas que explican por qué el fútbol del interior tiene algo que no se compra: identidad.
